CRÓNICA DESIERTO DE LOS NIÑOS 2014: FAMILIA PEREZ MORALES (Boni, Mar, Pablo y María)

 

Nuestro viaje a Marruecos empezó hace casi un año, cuando compañeros de Terranatur nos hablaron de su experiencia en la novena edición de El desierto de los niños. Creo que desde ese mismo momento (e incluso antes en el caso de Boni), decidimos que nuestra familia tenía que vivir nuestro ”Desierto de los niños 2014” y nos pusimos a preparar el coche y a ahorrar todos para el viaje (Pablo y María nos dejaban en la escalera los Euros que iban dándoles los abuelos para la “hucha de Marruecos”).

Y por fin, llegó el día. Llegamos a Tarifa el jueves y durante la mañana del viernes, antes de coger el Ferry a Tánger, nos dio tiempo de darnos una vuelta por el paseo marítimo. Toda la familia estaba nerviosa y expectante ante la partida inminente a Marruecos y, cuando llegamos al Ferry, fuimos haciendo lo que nos iba indicando la organización, como buenos novatos que éramos.

Pasamos aduana (¡¡¡toda una experiencia, como todo en Marruecos!!!) y entramos en el país con los cinco sentidos puestos en ello. Olores nuevos, colores que en Marruecos parecen distintos y por supuesto, sus gentes.

Después de llegar al hotel decidimos visitar Assilah, una pequeña ciudad cerca de Tánger donde dimos un pequeño paseo.  Nos pareció una ciudad muy colorida y llena de vida y nos pareció curioso ver pacer dromedarios tal y como lo harían nuestras vacas en España.

 

Sin duda, fue un primer día excitante y lleno de sorpresas… no podíamos esperar a ver que nos deparaban los siguientes días de nuestro viaje.

El segundo día viajamos a Midelt, casi todo por asfalto y curiosamente, la vegetación y el paisaje se me asemeja al que puedes ver por Andalucía…hasta que, de forma brusca, la vegetación empezó a cambiar…. Por la tarde, los niños tuvieron varias actividades y todos nos lo pasamos muy bien.

El tercer día viajamos hacia Merzouga y fuimos atravesando mesetas entre las montañas del maravilloso Atlas. El día era muy claro, sin nubes y con un color especial que hacía que la poca vegetación que empezamos a ver destacara aún más. Nos sorprendió  ver esta parte del desierto, el desierto pedregoso, lleno de piedras y todavía sin las dunas que imaginamos estarían en el desierto.

 

Llegamos a un oasis con palmeras y nos volvió a sorprender la orografía de la zona. Recuerdo el nombre de un pequeño árbol africano que Jaime nos comentó, el Taray y seguimos deslumbrados por todo el paisaje de la zona.

El cuarto día, por fin, vimos la dunas que  habíamos imaginado en nuestras cabezas y que eran aún más espectaculares de lo que habíamos podido pensar. La riqueza en los colores de la arena, dependiendo del momento del día y de la luz, era  espectacular y me sorprendo  a mí misma haciendo una y mil fotos a la arena, con la esperanza de captar toda esa riqueza.

 

Llegamos a un poblado donde íbamos a entregar el material escolar que habíamos traído en cada uno de los coches y allí, aunque ya habíamos tenido contactos previos, fue donde entramos de lleno en lo más importante de Marruecos, su gente.

Los niños se congratulan de vernos , te sonríen y en sus sonrisas ves reflejado todo lo que la gente de Marruecos representa. Tte sobrecoges y te llenas de alegría a la vez por ver la vida simple, sin adornos que viven estos niños y sus familias y te hace replantearte muchas cosas.

En las dunas, pasamos un día estupendo. Tuvimos la suerte de contar con la estimable ayuda de Inma y de “los becarios”, lo cual nos permitió tener unos profesores de lujo dentro del arte de la conducción en dunas que no tiene nada que ver con cualquier otra cosa.

Y Pablo, por fin, pudo conducir el Land Cruiser como había visto en fotos de la anterior edición del Desierto de los niños…. y fue muy emocionante para él, aunque no tanto para su hermana, de siete años, que nos preguntaba por qué ella no podía conducir también….

Ese día, lo terminamos con actividades para los niños, tirolina, paseo en dromedario…. ¡¡¡toda una experiencia, sin duda!!!

 

Lo más importante del quinto día fue la visita a la Asociación de Ouzina y, de nuevo, me abrumada por la maravillosa gente de Marruecos y sentimos una tremenda admiración por gente como Ibrahim que hace tanto por su pueblo y por los niños que nos recibieron,  quienes con tan poco, son tan felices y que vivieron nuestra llegada con tanta intensidad.

Fue emocionante ver como se puso la primera piedra del que será su centro social y cultural para la gente de Ouzina y de toda la comarca. Fue emocionante sentir que la pequeña labor de unos muchos unidos hace que un pueblo pueda desarrollarse de forma sostenida sin perder un ápice de su identidad y sientes que con un pequeño grano de arena, se pueden cambiar las cosas en el mundo. Fue, sin duda, una gran y emotiva sensación.

También tuvimos misterio y esa noche, volvió a ocurrir lo que nos comentaron que había ocurrido hace 10 años y María andaba toda preocupada por saber que era….cuando se enteró de que Jaime había desaparecido y, hasta que descubrió que los monstruos no era tan monstruosos, estuvo muy preocupada por Jaime y no entendía como sus padres no estaban buscándolo como ella hacía…. ¡¡¡Grandes monitores!!!

El quinto día volvimos a las dunas. Hicimos dos grupos para disfrutar de un delicioso paseo por ella y comprobar de nuevo que, ante cualquier incidencia, el grupo se hace uno sólo para ayudar a quién lo necesite.  Antes hablamos de la gente de Marruecos y lo que nos había impactado, pero no queríamos dejar de mencionar en nuestra crónica, el impacto que también nos produjo la unión de los participantes del Desierto de los niños 2014. Los más veteranos ayudando a los más novatos (¡¡¡nosotros este año!!!) y todos compartiendo comida, niños, experiencia, cuidados….

Terminamos el día con actividades muy divertidas, como siempre: gymkhana para todos y a correr de un lado a otro con pruebas en las que, nos salieran mejor o peor, nos partíamos de risa.

Y esa noche, algo muy emocionante, ¡¡¡dormimos en un campamento de khaimas!!! Cenamos, agotados ya por el ajetreo del día, pero la organización nos tenía preparada una última sorpresa antes de irnos a dormir… y lanzamos a la noche del desierto miles de luces encendidas con nuestros deseos y la visión de todas ellas, nos cogió de sorpresa a muchos y nos emocionó tremendamente. Fue la visión más bonita que yo he visto de un cielo nunca y mi familia y yo nos quedamos quietos viendo como nuestros “deseos encendidos” viajaban por todo el desierto hasta perderse en el infinito y aún allí, sabemos que seguirán viajando a donde les lleve el viento.

El sexto día, fue también muy emocionante. Las rutas siguieron siendo estupendas, mucho polvo. Visitamos una ciudad perdida en lo alto de una loma, parando en Rissani para degustar platos típicos en un restaurante marroquí.

Y, por la tarde, llegamos al hotel Xaluca. Una visita al mercado de Rissani me hizo sentirme como en otro mundo… me sentí muy torpe en el arte del regateo y, de nuevo, el  compañerismo de los más veteranos, hizo que me sintiera mejor y que saliera airosa en mis primeras compras.

Finalmente, llegó la hora de ponerse los disfraces y todo el grupo estuvo genial de hippies. Paz y amor y sin duda, Marruecos era el sitio donde esta frase cobró un gran significado. Mención especial merecen nuestra familia de Grease que hasta los andares de Olivia era los de la peli….

El séptimo día, Boni se fue de ruta y yo me quedé con los niños en el hotel de jornada de descanso. Piscina, más compras en el mercado de Erfoud y un día relajado que culminó con la fiesta de despedida del viaje en la que representamos el baile que nuestro berebere particular nos había enseñado.

La ruta de Boni fue espectacular. Venía emocionado, diciéndonos que él ya había estado en muchos lugares de dicha ruta a través de las fotos , videos y crónicas publicadas, pero que ésta era la de verdad.

La visita a una khaima de nómadas en el desierto dejó a todos asombrados y sobrecogidos por la hospitalidad de gente que sin tener mucho, comparte tanto.

Parece mentira que ya haya pasado una semana y empezamos a sentir la nostalgia que al día siguiente sentiríamos de lleno….

Esa misma noche, nuestra última noche en Marruecos, nuestro grupo hizo una queimada y, por supuesto, el “conxuro” como colofón a todo nuestro viaje al mágico Marruecos.

El octavo día, sólo quedaba el regreso por carretera a Melilla, un viaje largo y un poco triste, ya que sabíamos que el día terminaría en el Ferry de vuelta a casa… con ganas de contar a todos los nuestros lo que habíamos vivido en esa semana, lo que ha supuesto este viaje para nosotros y nuestra deseo de toda la familia de volver con el Desierto de los niños.